PERIODISMO

CIUDAD VALLES Y LA HUASTECA
Julián Díaz Hernández

 

En octubre de 1991, la deposición de Fausto Zapata al gobierno de San Luis Potosí cristalizaba el anhelo que –como todo político provinciano- tenía Gonzalo Martínez Corbalá de dirigir los destinos de su estado natal; a sus 63 años y priista desde 1963, había sido presidente del Partido Revolucionario Institucional en el Distrito Federal, embajador en Chile y en Cuba, diputado federal, senador y director del Infonavit.

   Tenía doce años intentando llegar al poder, pero en tres ocasiones distintas debió conformarse con ver al “elegido” ascender al ansiado cargo. Primero, en 1979, Carlos Jonguitud Barrios le quitó el lugar para competir por la gubernatura; luego, en 1985, se lo ganó Florencio Salazar Martínez; y por último, en 1991 –irónicamente- Zapata Loredo había sido “destapado” por el propio Martínez Corbalá.

   A la llegada del “salinismo”, la carrera política del potosino no cambió su rumbo de incertidumbre: Siendo senador por San Luis Potosí, fue invitado por el presidente Salinas de Gortari para integrarse a la Cámara de Diputados, pero tampoco pudo terminar ese periodo como legislador federal, porque recibió el encargo al frente del Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores (Infonavit).  

   Desde ahí sería catapultado al ejecutivo de su estado; pero como interino solo podría estar un máximo de 18 meses mientras se convocaba a las elecciones extraordinarias de 1993. Evidentemente, no era el escenario que más le satisfacía, sin embargo no parecía tener ante sí otro remedio que obedecer la autoridad totalitaria de Carlos Salinas, con el que le unían amistad y enormes compromisos.

   No obstante, haber desactivado los barruntos del “navismo”, la gestación de una ley electoral adecuada a los nuevos tiempos políticos, y –en el caso de la Huasteca- el diseño de un Plan Regional de Desarrollo, sobrevino en una corriente de simpatía que a los pocos meses germinaba un rumor insistente: La posibilidad de que en los comicios extraordinarios de 1993, Martínez Corbalá buscara la gubernatura de manera oficial.

 EMPIEZA EL RUMOR

El presidente Salinas fue quien por primera vez le inquirió al mandatario potosino interino la posibilidad de postularse, pero de entrada la respuesta fue negativa: “No lo consideraría acertado, porque van a pensar que estás mandando un gobernador amigo tuyo; lo van a identificar como una reelección sin serlo”, habría comentado entonces Martínez Corbalá a Salinas de Gortari.

   El gobernador reconoció desde un principio que sobrevendría una polémica nacional, por ello su primer reacción fue de rechazo: “Van a decir que lo que estamos haciendo en el estado, la ayuda y el apoyo que me estás dando, lo estamos usando en beneficio de la imagen de la candidatura; lo vamos a echar a perder; van a decir que es una reelección y que la quieres usar tú para tu propia posibilidad de reelección”, le insistió a Salinas.

   Martínez Corbalá sugirió entonces regresar, dar una conferencia de prensa y dejar en claro que iba a estar 18 meses en el estado nadamás y así lo hizo; con apenas cinco meses al mando, desmintió ante los medios informativos ese rumor, asegurando que no permanecería más allá del año y medio que tenía asignado, aunque recalcó que jurídicamente no estaba impedido para buscar una continuidad.

   Según contaría el gobernador -en agosto de 1995- a los escritores Adriana Amezcua y Juan E. Pardinas para su libro “Todos los gobernadores del presidente” (Ed. Grijalbo, 1997), en un viaje del ejecutivo federal a la entidad (el 30 de abril de 1992) al ir volando entre Matehuala y Tamuín, en presencia de Luis Donaldo Colosio y Raúl Salinas, el presidente le volvió a preguntar:

   - ¿Cómo sientes las cosas?

   - Yo las siento muy bien, tú puedes pulsar la atmósfera.

   - ¿Qué has pensado de eso?

   - Que el problema no es jurídico, es político.

   Para el también exembajador, el ambiente del país estaba cambiando y en San Luis Potosí había “actos cálidos” hacia su persona, se llevaba bien con los “navistas”, comenzando con su líder Salvador Nava Martínez, con quien había logrado coincidir en varias situaciones. Fueron éstos, factores que influirían en el ánimo de Martínez Corbalá para empezar él mismo a cambiar de actitud sobre su futura postulación formal.

   El 8 de septiembre de 1992 fue la siguiente visita de Carlos Salinas a San Luis Potosí, cuando acudió a celebrar la VI Semana de Solidaridad; ahí se definió la postura de Martínez Corbalá. En un mitin realizado en el municipio de Ébano, se entregaron alrededor de 6 mil escrituras y el gobernador le condonó al Municipio un adeudo de 2 mil millones de pesos que había dejado el alcalde anterior. 

   El mandatario cerró el acto en medio de mucha emoción; luego, se trasladaron al Nuevo Centro de Población “Ponciano Arriaga”, donde se concentraron cerca de 10 mil personas. Para entonces había una cancioncita que traían en todo el estado y decía: “Lo tenemos, lo queremos y lo vamos a lograr”, y en todas las reuniones se armaba el coro aquel; de repente ya la estaba tarareando el presidente también.

   - ¡Oye, ya dejaste la víbora chirreando!, le comentó el gobernador al presidente. 

   - ¿Por qué?

   - Por la cancioncita.

  - No, es que me gustó para Solidaridad, dijo Salinas.

  - Sí, pero aquí no es para Solidaridad, ¡me la cantan a mí! 

   Ese mismo día, horas después, tuvo el lugar el destape informal de Gonzalo Martínez Corbalá como candidato a los comicios extraordinarios del 18 de abril de 1993; el acto fue llamado “el taninulazo” por realizarse en el hotel “Taninul”, antigua propiedad del exgobernador Gonzalo N. Santos. Artífice esencial en la orquestación de ese evento fue el entonces alcalde panista de Valles, Eligio Quintanilla González.

 ELIGIO QUINTANILLA, EL ARTÍFICE

 

"Llevaba una amistad con Luis Donaldo Colosio, a raíz de que ganamos con el PAN (…) él era presidente del partido (el PRI) y me invitó a México para tener una entrevista con Salinas de Gortari (…); fui a ver al Presidente de la República, me dijo que me felicitaba por un triunfo que había hecho época porque era la primera vez que ganaba un partido de oposición (...) aquí en la huasteca”, recuerda el político vallense.

   “(Salinas) me recomendaba mucho que no golpeara a las instituciones ni que hablara mal del partido, que llamara a la unidad y que él me iba a ayudar a ser un buen presidente municipal, (…) lo invité a Valles (…) y ahí hicimos una buena relación y le dije que me recomendara con Martínez Corbalá porque (…) estaba muy sentido conmigo porque había perdido Valles y ni siquiera me dirigía la palabra”, cuenta Eligio.

   “Delante de mí (…) me recomendó y lo invité a la toma de protesta (…) y de ahí se hizo una buena amistad con Martínez Corbalá. Cuando se viene la renovación para poner a un gobernador provisional o interino, tenían que convocar a elecciones (…) (y) nos puso como representantes a Antolín Ettiene por Tamuín, Narciso González por Tampamolón y Eligio por Valles”, señala.

   Eligio Quintanilla rememora que del resto de las regiones colocó, a manera de coordinadores: En la zona media a Pedro Luis Naif Chessani, de Río Verde; y a Valeriano Céspedes, de Rayón; en la zona del Altiplano, a Paulino Martínez Carmona, de Matehuala; y a Raúl Coronado. Se dieron entonces muchos acercamientos como el acontecido en Jurica, Querétaro.

   “Ahí nos dijo que nos olvidáramos de los partidos, que debíamos trabajar por el bien de San Luis Potosí, que viéramos nuestras principales carencias de cada uno de los municipios y que nos iba a ayudar; de ahí salió el Programa de Desarrollo Regional de la Huasteca. Le dijimos (...) que porque no seguía (...) como gobernador, y (...) dijo que tenía un problema (...) porque se estaba viendo (...) como (...) posible reelección...”

   “Dijo que iba a hacer una (…) consultoría con el licenciado (Antonio) Rocha Cordero, que era exgobernador de San Luis Potosí y con (…) (Ignacio) Burgoa (Orihuela) (…);  Rocha Cordero le dice que no es reelección (...) y Burgoa Orihuela también le dice lo mismo. Me manda llamar a San Luis Potosí y me dice: Voy a hablar con el presidente del partido...”

   “Nos manda llamar a nosotros, a los representantes (…) e invita a Salinas de Gortari a Ponciano Arriaga, en Ébano; entonces nos fuimos todos los presidentes municipales y Salinas de Gortari dice que va a venir la elección de gobernador, que quién les gustaría. Ya estaba todo más preparado que nada y piden a Martínez Corbalá; entonces (Salinas) se voltea y le dice a Gonzalo (…) ¿ya oíste? (…) la gente te quiere mucho”.

.   “Se baja Salinas de Gortari y me dice: Habla con Gonzalo para que te pongas de acuerdo con él y ahí en el camino (…) de Ponciano Arriaga a Taninul, luego de despedir al presidente me dice Martínez Corbalá: ¿Cómo ves Eligio?; Le digo... si quiere aquí le damos una calada y me responde: Adelante, habla con los presidentes y para adelante, encabeza tú la situación...”

   “Y así se da El Taninulazo. Llego al Taninul, me junto arriba, donde era la suite de don Gonzalo (N.Santos), en la extrema derecha, pegado a las albercas. Lo iba a destapar yo por Valles y le digo a Paulino de Matehuala, que era panista: (...) vamos a destaparlo los panistas y que los priistas nos sigan; (...) y ahí levantamos las primeras firmas de nosotros para apoyar a Martínez Corbalá”.

 LA CORRIENTE PRO-GONZALO

 

En palabras de Eligio Quintanilla, aquel “destape” no fue del agrado del presidente estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Horacio Sánchez Unzueta, quien presentó su renuncia, “ahí se hace un escándalo porque los (alcaldes) panistas encabezados por mí fuimos quienes lo destapamos y luego todos hablaron y le dieron el apoyo a Martínez Corbalá”. 

   Sin embargo, ya confirmada la postura de Martínez Corbalá vinieron las complicaciones, “porque (los diarios) Washington Post y el New York Times empiezan a decir que Salinas de Gortari estaba preparando su reelección y que había puesto al estado de San Luis Potosí como su conejillo de indias (...) (pero) no era ninguna reelección”.

   En esas circunstancias, era ya imparable la corriente que se había desatado a favor de la postulación del gobernador interino. Legisladores locales y federales, así como los diversos sectores priístas, ofrecieron su apoyo a la candidatura de Gonzalo Martínez Corbalá; el documento dirigido al presidente Carlos Salinas iba además firmado por 55 de los 56 alcaldes potosinos (menos Mario Leal Campos que era alcalde de San Luis).

   El 9 de octubre de 1992, al ser destapado oficialmente por la CTM como candidato a gobernador, Martínez Corbalá dijo “estar dispuesto a jugarse su carrera política de 30 años”. A la mañana siguiente, al cumplirse un año como gobernador interino, presentó su licencia al presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado, Teófilo Torres Corzo.

   El gobernador interino señalaba en su petición de retirarse, que a ruego de distintos grupos políticos, profesionistas y ciudadanos, buscaba colocarse en condiciones de elegibilidad como lo establece la Constitución Política de la entidad. Las razones otorgadas por él, fueron suficientes para el Congreso, que una hora más tarde aceptó su declinación al cargo.

   Minutos después se otorgó al diputado Torres Corzo licencia por tiempo definido para separarse de su cargo y ser nombrado mandatario interino “del interino”. A partir de ese momento, San Luis Potosí se vio atrapado en torno a una polémica ente el priísmo y la oposición: ¿Era válida o no la postulación de Martínez Corbalá en términos legales?, ¿Constituía o no un atentado contra el principio de la no reelección?

   El artículo 53 de la Constitución Política de San Luis Potosí señalaba que: “Nunca podrán ser electos para el periodo inmediato (...) el gobernador sustituto constitucional, el interino, el provisional o el ciudadano que, bajo cualquier denominación, supla las faltas temporales del gobernador, siempre que desempeñe el cargo los dos últimos años del periodo”.

   Frente a lo estipulado en el artículo anterior; los abogados potosinos de Matehuala, Rioverde y Ciudad Valles, respaldados por 600 abogados y en nombre de la Asociación Política Nacional de Abogados, concluyeron que no había cortapisas para que Gonzalo Martínez Corbalá cumpliera los requisitos de los artículos 51 y 55, párrafo segundo, de la misma Carta Magna, y pudiera ser postulado en las elecciones extraordinarias.

   Y es que después de analizar los artículos 116, 51, 53 y 54 de la Constitución local, concluyeron que Martínez Corbalá nunca fue electo por sufragio popular, sino designado por el Congreso local. De ahí que, según los abogados, no se atentaba contra el principio de la no reelección, un argumento que solo era utilizado por la oposición para “confundir” a la gente.

   Como para los contrarios, el afán de Martínez Corbalá de convertirse en candidato, era un acto reeleccionista, el 13 de octubre de 1992 se constituyeron formalmente en el Frente Antireeleccionista Nacional (FAN), políticos del PAN, PRD, PSD, PDM, y organizaciones cívicas, que en conjunto convocaban al pueblo potosino para que se resistiera civilmente a la postulación.

   Frente a la postura opositora, los alcaldes y diputados simpatizantes de Martínez Corbalá que antes habían firmado su apoyo, endurecieron la presión renunciando en masa a manera de protesta. “Y se vino una ingobernabilidad, tuvo que venir Genaro Borrego por el PRI, y tuvieron que mandar un representante del Secretario de Gobernación a hablar con nosotros”, recuerda Eligio Quintanilla.

 “LO QUE NOS PERDIMOS”

 

Poco a poco las negociaciones empezaron a meter en el apaciguamiento político a las corrientes pro-Martínez Corbalá, que en muchas partes del estado se había apoderado de las alcaldías desahogando su descontento. “Luego ya Martínez Corbalá nos convoca a la Casa de Gobierno, diciendo que el sucesor iba a ser Teófilo Torres Corzo, pero que ya no se podía la cosa de él”, añade Quintanilla González.

   A pesar de haber negado que declinaría, Martínez Corbalá presentó su renuncia a la candidatura priista el sábado 17 de octubre, un día antes de la fecha en que debería rendir protesta formal como candidato del PRI. Desencajado, con los ojos llorosos, concedió tres conferencias de prensa donde señaló que se retiraba por los ataques de que era objeto su candidatura, aprovechados para golpear también al presidente Salinas.

   De acuerdo con un análisis de Eligio Quintanilla, esta situación tuvo sus repercusiones negativas para Valles y la Huasteca Potosina, porque al quedar fuera del gobierno y de la posibilidad de gobernar Martínez Corbalá, se estancaron los proyectos que alentó, como el Programa de Desarrollo Regional de la Huasteca Potosina, “el (…) más ambicioso que ha habido en la historia de la huasteca”.

   “Cada uno de los municipios pedíamos diez obras prioritarias y tres alternativas (…) todos los presidentes municipales (de la huasteca) que en ésa época éramos 18, no éramos 20 (como ahora), pedíamos obras de impacto regional. La carretera Valles-Tampico de cuatro carriles que se quedó aprobada, (…) la infraestructura turística en toda la huasteca potosina para hacer un corredor turístico...”

   “Luego las famosas agroindustrias para echar a andar las 72 mil hectáreas que estaban expropiadas (…) y ahí caben dos ingenios más (…) ahí hay canales de riego, 600 milímetros de precipitación pluvial que es ideal para campo de riego, eso se quedó atorado”, concluyó con resignación el hombre que después pasaría por dos partidos más (PT y PRD), retornaría al PAN y posteriormente de nuevo al PRI.

 

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