PERIODISMO

CIUDAD VALLES Y LA HUASTECA
Julián Díaz Hernández

CRÓNICA

Ninguno de esos jugadores había nacido cuando sus primeros y exitosos antecesores escribieron –justamente treinta años atrás- la página más gloriosa en la historia del futbol huasteco: Un cuarto lugar nacional en la Tercera División Profesional.

   De aquella primavera de 1988 los únicos recuerdos que emergen son los de su entrenador Daniel Infante, hoy cercano a las cinco décadas, y en ese tiempo un próximo veinteañero que soñaba entre jugar con los “Loros Huastecos” o especializarse en la quiropráctica.

   Se decidió por lo segundo, y al cabo de seis lustros, el balompié –ese deporte de las multitudes apasionadas, y que también sabe dar hermosas revanchas- pareció compensarle un poco: Ser el comandante de un equipo con medio boleto en esa misma Tercera División.

   Por lo menos así lo era hasta ese domingo 3 de junio, en esa tarde muy huasteca: Con su calor implacable, que en el termómetro citaba 37 grados, pero en el interior del –ahora pomposamente llamado- Centro Deportivo Guadiana, se sentían más de 40.

   Junto con esa calidez del clima, también la humana se hacía presente: Las porras, los gritos de ánimo, y Melitón Montoya en el sonido local emulando el grito de guerra de las memorables noches de la temporada 87-88 en el legendario campo “Andrés Yáñez Montes”:

   “Señoras y señores, muy buenas tardes, sean bienvenidos; y ahora con ustedes nuestro equipo: Lorooooooooos Huastecos”; y enseguida el “Oeoe… oeoe” de “Miami Sound Machine” con su éxito de 1987 “Rhythm is gonna get you” (“Tenemos el ritmo”).

   Ahora enfundados en un blanco impecable -del que poco quedaría después debido al terregal del “Guadiana”- avanzaron los once “Loros”, en busca de la proeza: El bicampeonato de la Liga 4 que les diera un sitio en la Tercera División.

    Como todo felino –sus rivales- los Linces iban cautelosos, paso a paso, esperando asestar un zarpazo definitivo que no pudieron lograr en su cancha de Acatlipa (Morelos) de donde los huastecos se habían traído un provechoso empate a dos.

   El trofeo en disputa al medio campo, y el protocolo del “Juega limpio, siente tu liga”, agregaban emoción al comienzo. Apenas pasaban de las 3 de la tarde cuando el silbante Bernardo Andrade dio el pitido inicial.

   Y ahí estaban los once guerreros; jovencitos, mucho más que aquellos de hace 30 años: Edgar De la Rosa, Iván Sosa, Adrián Torres, Juan de Dios Picasso, Luis Ángel Carrera, David Mata, Luis Azuara, Claro Torres, Ariel Merced Martínez, Álvaro Reyes y Carlos Moctezuma.

   Los primeros minutos fueron de tanteo mutuo a veces, y en otros, igual que maratonistas: Administrando las energías. Por momentos a la búsqueda de un error rival, como en los titubeos del portero local, o cuando los rivales cedían un tiro libre seguido de otro.

   Tanto castigo contra Linces y dos tarjetas amarillas tempraneras (antes del minuto 13) no dejaban de poner nervioso al entrenador visitante José Luis Estrada, quien iba de un lado a otro, de pie, frente a su banca, la cual a la intemperie debió asemejarse a un comal.

   Algunos de esos disparos pasaban cerca del arco visitante, y emocionaban de más a los aficionados, que ya habían llenado el graderío metálico. Luego, se ponían de acuerdo para lanzar el polémico “Eeeeee…. pu….. “  hacia el arquero rival en su despeje de meta.

   El marcador seguía sin abrirse y a veces Estrada contagiaba de impaciencia a su colega “El quiro” Infante, quien empezó a pasear su humanidad de un lado a otro, y asomaba su melena entrecana a las cámaras de “Cadena Diez”, que transmitía en vivo por internet.

    Luego de una mano cerca del área de “Linces”, Álvaro Reyes Mata -el hijo de aquel legendario “Balín” (portero de los primeros Loros)- empezó a tejer la acción clave del partido cuando su disparo fue desviado por un defensa, logrando tiro de esquina.

   En la continuación de la jugada, el despeje defensivo de “Linces” no pudo convertirse en un contragolpe efectivo. Peor aún: El rechazo derivó en un balón por arriba, que alentado en su tránsito por al aire en contra, desconcertó a la defensa azul que no alcanzó a salir en línea.

   Así, Ariel Merced Martínez entró habilitado y sólo tuvo que rematar de cabeza, pero con la suficiente habilidad técnica para “techar” al guardameta Adrián Núñez, quien no atinó a decidir si salía a cortar o esperaba para lanzarse. A los 33 minutos se marcaba el 1-0.

   Cinco minutos después el árbitro decretaba suspensión momentánea para la hidratación, pero solo en el campo a los jugadores, porque en las gradas hacía mucho que las cervezas desfilaban lo mismo en cartones que entre hieleras: El calor incesante era un buen pretexto. 

   Se compensaron cuatro minutos en el primer tiempo, y a la terminación, algunos postulantes a cargos de elección popular aprovecharon para hacerse presentes; como se estila en estos casos, saludando a muchos presentes aunque no los conocieran.

   Entre ellos aparecía, por cierto, aquel que fuera capitán y habilidoso mediocampista de los recordados “Loros”: César “La polla” González, ahora inmerso en la política. A propósito, en las redes sociales, algunos usuarios exigirían “queremos ver futbol, no candidatos”

   Lo bueno fue que por ahí de las 4:10 de la tarde comenzaría ya el segundo tiempo, dando la posibilidad de ingreso al campo a Osiel Maqueda primero, y posteriormente a Carlos González. 

   Entonces al arquero local Edgar De la Rosa le tocaría defender la portería oriente, con el sol de frente. “Linces” trató de aprovechar bombardeando con todo lo que podía, sobre todo desde la pierna zurda de Lenin Gama, lo mismo con tiros libres que de esquina.

   Fue en uno de esos “corners”, cuando el portero vallense demostró que el 13 era su minuto de buena suerte, al extenderse hacia su derecha y desviar el cabezazo “azul” que pudo haber significado el empate, para –tal vez- escribir otra historia.

   El ahínco de su guardameta pareció contagiar de dinamismo a sus compañeros, sobre todo a los delanteros, pues un minuto después, David Mata se internó por la parte izquierda del área penal siendo derribado por un defensa “lince”. El árbitro no dudaría en marcar penal.

   Sin piedad, elevado, tirado a la derecha del cancerbero que solo atestiguó el fuerte disparo, el mismo jugador “loro” le hizo honor al apellido para matar cualquier intento de igualada de los contrarios. A los 15 minutos de la segunda parte el juego se ponía 4-2 en el global.

   El resto del juego ya no varió demasiado: De la Rosa aún tuvo otra gran intervención, la defensa local se plantó bien, y los mediocampistas y delanteros buscaron a toda costa incrementar la cuenta. “Linces” parecía resentir el fuerte calor pero nunca dejó de luchar.

   El árbitro mantuvo a raya cualquier intento de indisciplina, y en la banca huasteca la tranquilidad iba apareciendo conforme se acercaba el final. El auxiliar Rodrigo “El pelos” Azuara aprovechó para poner a calentar a varios suplentes y darles minutos de partido.

   Ello le permitió escribir parte de esa historia a sustitutos como Juan de Dios Maqueda, Diego Lacio, Eliel López, Sergio Gómez y hasta el portero suplente Luis Ángel Moreno. Las salidas de David Mata y Edgar De la Rosa permitieron que el público los ovacionara.

   El cierre del encuentro no tuvo mayores sorpresas ni sobresaltos; únicamente sirvió para preparar la ceremonia de premiación, donde cuerpo técnico y jugadores hicieron una sola aglomeración al medio campo con familiares, amigos, patrocinadores y periodistas.

   Se conseguía así el segundo medio boleto para entrar de lleno a la Tercera División, y como bicampeones de la Liga 4, se cumplía el objetivo propuesto: Unos jóvenes loros, con renovados bríos y reluciente plumaje, están listos para un nuevo vuelo.   

 

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