HISTORIA

CIUDAD VALLES Y LA HUASTECA
Julián Díaz Hernández

¿Cuántas veces hemos observado nuestros hermosos atardeceres, y embelesados contemplamos esas bellas puestas de sol? Hace muchos años un hombre también se enamoró de un atardecer huasteco, y lo plasmó en un huapango.

   En la década de los sesentas nuestra música regional recorrió el estado, el país, y trascendió las fronteras, interpretada por el más famoso trovador huasteco, que aunque no nació en la región, se quedó en ella para siempre y le cantó con el corazón: “El negro” Marcelino.   

   El 16 de enero de 1926 en el "Barrio del Orégano" (perteneciente a Ciudad del Maíz), nace Marcelino Tovar Huerta. Sus primeros años los dedica a las labores del campo; huérfano y en medio de la pobreza, pero con un amor por la música que fluía en su interior y amenazaba con desbordarse. 

   No acababa su transición de niño a adolescente cuando emigra a Ciudad Valles y aprovechando el auge turístico de los años cuarenta, deja su inicial trabajo de albañil para cambiarlo por el de mesero en el antiguo hotel “Colonial”, cuyos jardines se convirtieron posteriormente en su primer escenario, lleno de turistas norteamericanos que pedían su presencia y sus canciones, imponiéndole a la vez el apodo inmortal: “El negro” Marcelino.

   En 1949 tuvo la oportunidad de cantar con el trío de Emilio Castillo, Humberto Barragán y Refugio Calderón, para luego formar temporalmente un dueto con éste último. Cuando se quedó solo, trabajó también con Alberto Barragán, Bernabé y Reynaldo Calderón, y Juan Martínez, él -como siempre- tocando la guitarra quinta. 

   Sus compañeros nuevamente siguieron otro camino, pero lejos de desanimarse, "El negro" Marcelino se une con Heliodoro Copado y Tomás Tovar, representando a México en importantes eventos folklóricos en varias partes del país; y en mayo de 1963 graban su primer disco comercial titulado "Huasteca Linda: Del Negro Marcelino y sus huastecos", que incluyó la canción de su inspiración: "El ranchero potosino".

   Bien cimentada su fama, en la mitad de los sesentas lo invitan a grabar un segundo disco de larga duración. Para entonces ya aparece en programas de televisión, y en las convenciones y mítines se le ve a lado de importantes políticos como Miguel Alemán Valdés, Lázaro Cárdenas, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo DíazOrdaz, y José López Portillo, además de personalidades de la farándula como Emilio "Indio" Fernández y Mario Moreno "Cantinflas".

   A principios de los setentas, la televisión, los periódicos y la radio, asediaban al "Negro Marcelino"; su música había traspasado las fronteras, y los sones y huapangos se escuchaban lo mismo en Estados Unidos, que en Guatemala y parte de Sudamérica. 

   Y en junio de 1973 logra un sonado triunfo actuando en Houston, Texas, además de ser reconocido a nivel nacional con importantes homenajes como el de San Joaquín, Querétaro, y el que le hizo el Canal 13 en "Las tardes de don Jorge Saldaña", semanas después de fallecido.

   En medio de canciones y fama, la sencillez fue siempre su sello característico, lo cual reafirma con sus palabras Marcelino Tovar Herrera, el único hijo del desaparecido trovador que sigue sus pasos: “El negro Marcelino fue un personaje que tuvo todo y lo dio todo, y por darlo todo, se quedó sin nada”.

   -¿Su sencillez fue una de sus grandes características?

   “Ése fue su sello: Entregarse, darse en el momento; la gente lo pedía por lo que él daba, por lo que él era”.

   “El negro" Marcelino graba otro disco y actúa en el Auditorio Nacional en el 50 aniversario del PRI, para entonces es tan grande su fama que en los pasillos del Palacio Nacional, los senadores, diputados, y el mismo Presidente le hablan por su nombre y lo distinguen con frases amistosas. 

   Cansado por las giras, y lleno de hastío por los falsos amigos, paulatinamente "El negro" Marcelino se aleja del bullicio de las grandes ciudades y regresa al campo, visitando a menudo rancherías y comunidades de la huasteca.

   En 1980 "El negro Marcelino" enferma, se recupera y recae. Así, entre convalecencia y enfermedad canta, compone, escribe y saluda alegremente a sus amigos, escribiendo la última parte de su historia, una historia que al concluir dejaría un gran vacío en la música regional, porque tras su muerte se acabaron las estrellas en la huasteca, opinión con la que coincide Marcelino Tovar Junior:

   “Mucha gente me lo ha manifestado, cuando se murió El negro Marcelino no se acabó el huapango, pero se acabaron las luces de aquí de la huasteca, o sea, los trovadores, la gente que nació con el huapango”.

   “Huasteca linda, nunca te podré olvidar, si nací con tu querencia, si nací con tu cantar”. Como si conociera su destino, “El negro” Marcelino canta este verso en sus últimos días de vida, y luego calla, calla para siempre, el 6 de marzo de 1981.

 

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