TURISMO

CIUDAD VALLES Y LA HUASTECA
Julián Díaz Hernández

Puede parecer arriesgado, pero los amantes de la adrenalina saben que será una experiencia única, y que bien lo vale. Quizás los nervios aumenten conforme se acerca el momento, sin embargo, los guías empiezan a dar confianza con sus recomendaciones de precaución, a los que se suma la provisión de los aditamentos: Chaleco de flotación y casco; sin faltar el remo ligero como el inseparable compañero de la travesía.

   El vado sobre el río, en las afueras de Tanchachín, es el mudo testigo del desgranar de preguntas y respuestas, de los protocolos de seguridad, de los últimos ajustes, y hasta para terminar de sacar los miedos a las aguas del “Tampaón”, que pueden verse apacibles, ahí, frente a nosotros, pero sabemos que kilómetros abajo la corriente fuerte, las rocas salientes que forman remolinos y aceleradas caídas, y el cañón estrechándose en algunos sectores, crearán rápidos hasta de clase 3.

   Confiamos en la resistencia y flexibilidad de la balsa, mantenemos la vista en las amarras de donde deberemos sostenernos en el momento indicado, y hacemos uso de toda nuestra fuerza en piernas y pies para mantenernos en el interior de la lancha inflable, conservando el equilibrio en todo momento desde una orilla de la embarcación, la cual empieza a avanzar lentamente, mecida apenas.

   Atrás va quedándose la quietud del gran puente elevado, es el gigante que nos despide en esa mañana donde va tomando altura en el oriente un sol esplendoroso, y del cual es mejor protegerse con el respectivo bloqueador. Empezamos a remar, tranquilos, casi dejándonos llevar por el caudal, que en ese tramo nos da para calentar el brazo y generar un poco de práctica en tal ejercicio.

   Ya entrados en calor y también en valor, llega el momento de aprovechar –lo que los expertos llaman- las “aguas planas”, para el primer ejercicio, precisamente, de valentía y de reacción: La estrategia es volcar la balsa para poner el funcionamiento lo aprendido en la breve inducción, y empezar a alertar los sentidos para cuando el percance suceda, de verdad y sin avisar, en la zona turbulenta.

   Hay que entender cómo sobreponerse a quedar atrapados debajo de la lancha inflable, que aunque no es pesada, con la eventual desesperación encima puede contribuir al pánico, que –justamente desde aquí- se busca sujetarlo a nuestro control emocional. Después hay que tener la fuerza y habilidad para enderezar de inmediato la embarcación y ponérsele de nuevo encima, sin dejar de lado la tarea de rescatar algún compañero, y con la técnica correcta, jalarlo al interior. 

   Con el temple cada vez en su mejor punto, el estruendo que percibimos metros adelante nos avisa que estamos a punto del primer desafío, donde remar y equilibrarse, siguiendo las indicaciones del guía y haciendo una buena tarea de sincronización, nos sacará adelante, no sin antes disfrutar un buen salpicón de agua fría en el rostro: Hemos pasado la primera prueba, pero aún faltan muchas más a lo largo de ese recorrido que supera la docena de kilómetros.

   En dicho trayecto, "El buenos días", "El éste no es", "El éste sí es", "La ruleta rusa", "El laberinto", "El innombrable",  “El ratón loco”, “La ratonera” y "La tumba", se convertirán en vocablos comunes conforme nos vamos acercando, y habrá a quienes les quede en la memoria como el lugar donde salieron catapultados hasta terminar en los remolinos, y luego de una férrea lucha contra la naturaleza, la destreza y el carácter los ha puesto de nuevo en pie, o en este caso dentro de la balsa.

   Entre los pocos espacios de relajación para retomar energías y recobrar la valentía, los sentidos se nutren con la observación de las caprichosas formaciones calizas de las rocas que “hacen valla” a nuestro paso, que con su característico café claro, contrastan espectacularmente con el azul turquesa del famoso río que proviene desde la conjunción de dos corrientes: La del “Santa María” y la del “Gallinas”, los que muy arriba formaron la renombrada Cascada de Tamul.

   El rafting en el “Tampaón” también adquiere cada vez más prestigio y se convierte en una aventura difícil de dejar pasar en el viaje a la Huasteca Potosina. Las empresas especializadas dedicadas a ello adquieren máxima experiencia, capacitación y las certificaciones requeridas, tal como las normativas oficiales exigen; no se soslaya que es una vivencia con implicación de peligro, pero contratar a aquella compañía que prioriza la seguridad garantizará un buen final. 

   Todavía sobre el trayecto hay escalas para (opcionalmente) detenerse a un lance de clavados desde casi diez metros de altura, y seguir imbuidos en la frescura. De la misma manera se ofrecen espacios para la rehidratación y el alimento, siempre en contacto con la naturaleza, que -la mayoría de las ocasiones- nos ha puesto una zarandeada suficiente para hacernos expresar “no lo vuelvo a hacer”; pero la verdad… es que sí iríamos de nuevo.  

 

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