HISTORIA

CIUDAD VALLES Y LA HUASTECA
Julián Díaz Hernández

El 20 de abril de 1993 un manto de tristeza se extendió por todo el país: 

    Había muerto Mario Moreno Reyes, quien a lo largo de medio siglo dio vida a “Cantinflas”, ese personaje muestra de inocencia y picardía que acompañó con su indumentaria de imaginación y su laberinto de palabras a generaciones enteras de mexicanos.

     Un 12 de agosto de 1911 el pueblo de Santa María la Redonda lo vio nacer; ahí, Mario Moreno vivió su infancia pendenciera que transcurrió entre mojicones, pleitos y humos de santidad en la pobre labor de acólito en una iglesia de su tierra natal.

    Después, fue estudiante en Chapingo, boxeador, bailarín, y finalmente zarzuelista e improvisado maestro de ceremonias, actividad en donde forjó el lenguaje atropellado de hablar sin decir nada, que años más tarde insertaría en el diccionario un nuevo vocablo: Cantinflear.

    Mario Moreno viajó mucho; América entera supo de él y el viejo continente observó sus películas. Ahí, el mismo Charles Chaplin reconoció el gran trabajo de nuestro máximo comediante en cintas como “El bolero de Raquel”, “El gendarme desconocido”, “Ahí está el detalle”, “Conserje en condominio”, “Pepe”, y “El patrullero 777”, por mencionar algunas.

 ASÍ NACIÓ “EL DETALLE”

 Fue en México, en el teatro “Follies Bergeré” donde nació la referencia de “El detalle”: El actor José Nicolás “El Chino” Ibarra comenzó a jugar con la frase; todo nació porque cerca del lugar, en una pequeña plaza se ponían diariamente unos mecapaleros, cargadores o boleritos a tomar en la noche. 

 

   Mario Moreno solía observar con gran atención las expresiones de esa gente; tenía un genio muy especial para descubrir los errores de expresión. Esos pobrecillos circulaban a escondidas cigarros de marihuana y para que los policías no se dieran cuenta del asunto decían: “Pásame el detalle”, “Oye, ¿Ya se te acabó el detalle?”, o “¿Traes  detalle?”.

    “El chino” se ponía bien atento a ver a esos vendedores y un día fue a sugerirle a Cantinflas que en cuanto (sus compañeros) Medel o Schilinsky le dijeran algo que no se entendiera, él metiera lo de “el detalle” preguntándoles:  “¿dónde está?”.

    Se fueron antes a platicar con los mecapaleros y armaron un sketch que en el teatro resultó muy gracioso, porque los ayudantes del cómico no sabían de qué se trataba y el desconcierto causó risa entre la gente del público que sí estaba al tanto de “el detalle”.

 CANTINFLAS EN VALLES

 Antes de construir “El Detalle” y de alcanzar la cumbre de su carrera artística, Mario Moreno Reyes ya había tenido contacto con nuestro municipio en condiciones muy sui-géneris, que lo dejarían marcado, y -de paso- agradecido con los vallenses:    

    Viniendo a la ciudad a una actuación, la compañía a la que pertenecía se declaró en bancarrota, no recibió su pago y tuvo que quedarse aquí, sin dinero. Para sobrevivir, Cantinflas aprovechó dos de sus varias dotes que poseía: La habilidad para jugar billar y la agilidad para el baile. 

   En el billar “París” de don Pedro Altamirano (ubicado por la actual “Pedro Antonio Santos”), se convirtió en el atractivo jugando “pull”; así ganaba dinero de las apuestas, y también con las propinas como bailarín en los bares de mala muerte que estaban por el “Arroyo de los puercos”. 

    Su simpatía le ganó relaciones con gente influyente que le apoyó económicamente para que Mario Moreno pudiera regresar a la capital del país, donde escaló los peldaños del éxito en la farándula. 

 CONSTRUYENDO “EL DETALLE”

 Embelesado por el encanto natural de nuestra huasteca y deseando convivir de nuevo con el pueblo que lo ayudó, en 1943 Cantinflas adquirió un rancho que se compró gracias a la intervención de don Enrique Marroquín Pámanes ("El Güero"), quien era amigo del mimo desde la época de oro del “Follies Bergere”.

    Mario lo había visitado en su rancho en 1938, y le gustó mucho no solamente su finca sino toda esa zona de la Huasteca Potosina. Verdaderamente interesado le encomendó que le consiguiera una propiedad y “El güero” se dedicó por completo a buscar un terreno apropiado.

    Halló un precioso lugar de cien hectáreas de superficie con dos ríos colindantes a esos terrenos: el “Tampaón” y el “Valles”. Mario adquirió el predio en 30 mil pesos, lo desmontó y construyó una residencia de doce recámaras.

    Al finalizar los trabajos de edificación organizó una gran fiesta invitando a artistas y personajes destacados (como Manolín, Schilinsky y Jorge Negrete), además de industriales y banqueros; en esa recepción bautizó su rancho con el nombre de “El Detalle”, en referencia al título de una de las películas que le dio renombre y fama cuando apenas iniciaba su carrera. 

   El lugar era considerado un vergel, fue administrado por José Moreno, quien siempre se preocupó porque el rancho estuviera hermoso como ningún otro, al grado de convertirse en la envidia de artistas millonarios de la época, como Jorge Negrete, también dueño de una propiedad en este municipio, pero que no se le comparaba.

   La distancia de “El Detalle” a la carretera (federal 85) México-Laredo era de aproximadamente seis kilómetros, misma que se pavimentó para tener acceso durante todo el año; también se instaló un chalán para cruzar el río. La inversión de las propiedades en el ejido fue de 5 millones de pesos, cuando el tipo de cambio estaba a 9.50 pesos por dólar.

 Uno de los sitios de convivencia predilectos por Mario Moreno era la alberca olímpica, edificada con mosaicos de Talavera de la Reina, y un lujoso bar con pinturas de toreros realizadas por el pintor Ruano Llopis. Ahí Cantinflas se reunía con los asistentes, instalaba una pantalla gigante y proyectaba algunas de sus famosas películas.

 Desde México acudía cada quince días y en temporada de Navidad lo hacía con regalos y dinero que distribuía entre sus empleados. Todos los que tuvieron la fortuna de convivir con él en un plan de intimidad, califican su trato como inolvidable, catalogándolo de una persona como pocas en el mundo, aún con su carácter.

 ALTRUISTA Y TORERO

 Dicen que la verdadera generosidad empieza por casa y así es como recuerdan a Cantinflas, una persona muy desprendida, que daba la impresión de trabajar  para los demás y en segundo término para él mismo.

  Sus trabajadores no solo rememoran las cómodas casas que para ellos tenía el comediante, sino también la extensión de los beneficios de “El Detalle” a los lugares vecinos. 

    

   Así ocurrió con una planta de luz que se extendió hacia las poblaciones cercanas, cuando la Comisión Federal de Electricidad todavía no daba servicio a aquellas comunidades. También mandó instalar una planta purificadora de agua en beneficio de la población de Valles, para que los habitantes pudieran consumir agua potable.

   En “El Detalle”, Mario Moreno disfrutó de una de sus pasiones: El toreo, en una plaza que erigió y a la que puso el nombre de “Cholita” (en honor a su madre Soledad Reyes).

   Después de cada corrida, a los toros que morían los metían a un horno y los convertían en barbacoa que se repartía entre los invitados, trabajadores y amigos.

     Cada vez que Mario venía a descansar al rancho y terminando todo el ajetreo de sus películas, mandaba traer una camioneta cargada con becerros para torearlos durante la semana.  

   Alguna ocasión lo hizo en la ciudad -en la plaza de toros “La Macarena”- durante una función a beneficio de los niños pobres de la huasteca organizada por el Club Rotario de Valles, alternando con Jesús “El Güero” Marroquín y Emeterio López Alonso, quien fuera Subprocurador de Justicia en la Zona. Esto ocurrió el domingo 30 de diciembre de 1945.

 LA PLAZA “CHOLITA”

 La inauguración de la plaza “Cholita” fue hasta el viernes 19 de marzo de 1948; y en el programa que se elaboró para tal efecto, se puede notar el humor de Cantinflas impreso en él: 

   Grandiosa corrida de toros en honor del onomástico de Pepe Moreno, e inauguración de la plaza, asistiendo la señora Cholita, mamá de los señores Moreno, donde se lidiarán 6 hermosos ejemplares de la ganadería “Qué me duras”.

    Partiendo plaza el incomparable y sin par Mario Moreno Cantinflas (El maestro), Pepe Moreno (El monstruo), Emeterio López Alonso (El Cuelga-dedos), Roberto Moreno (El canijo), y dos famosos novilleros, de los que se abstiene dar el nombre. Nota: autoridad, Lalo Moreno. Se prohíbe aventarle pedradas a los toreros; aquel que le aviente será castigado por “El Cuelga-dedos”.

    El estilo de Cantinflas para torear era admirado. Las verónicas, el capote y las chicuelinas eran muy bien ejecutadas, y a la vez, con la gracia natural que él tenía para presentarlas en forma cómica; luego con las muletas, los pases naturales, los derechazos, y los pases de pecho.

    Una de las suertes más recordadas era cuando él se ponía delante del animal para que lo empitonara, aparentemente lo cornaba y luego se le caían los pantalones. Al estar bailando frente al toro desplegaba una gracia que no tenía equivalente en el medio taurino y ya cuando el animal estaba supuestamente moribundo, se quitaba el zapato y dándoselo a oler lo terminaba con el puro hedor. 

    Para 1950 aún se toreaba en la plaza “Cholita”, y en otro programa de las corridas de toros que se efectuaron en el rancho “El Detalle” podía leerse en la lista de matadores a: Emeterio López Alonso (“El niño del ministerio”), José Moreno (“El maistro de El Detalle”), Roberto Moreno (“El canijo”), y Gastón Santos (“El niño de la tina”).

    Tras la lista de banderilleros, el nombre de los picadores, del juez, el médico de plaza y los fotógrafos de prensa, se aseguraba que la corrida “se transmitirá a control remoto por la estación XCTV, Cadena Perpetua. Prohibido aventar piedras… a los toros. Si algún toro sale malo se cambiará de inmediato por una chiva de la ganadería ´Qué me duras'. En caso de lluvia, pos'como dijo Chencha: 'se rifará un paraguas”.

 LA MISTERIOSA PARTIDA

Pese a las bondades ya descritas de “El Detalle”, el predio tenía una serie de problemas que hicieron pensar en venderlo: Entre ellos que estaba muy lejos, el clima no era muy bueno y tenían que luchar contra la plaga de la “mosca prieta”; en cambio, las siembras que hicieron y el ganado Cebú crecieron espléndidamente. 

    

    “El Detalle” estaba situado en una loma; alrededor había tigres, leoncillos y mucha víbora de cascabel, de manera que cuando subía el nivel del río todos esos animales iban a refugiarse alrededor del rancho. 

    La venta del rancho y la partida de Cantinflas, empezó a gestarse cuando Enrique Marroquín un día le propuso que lo vendiera, aduciendo la escasez de ganancias económicas que le dejaba.

    Mario Moreno se negaba señalando que no lo tenía como negocio, sino para que su madre fuera a pasarse algunas temporadas allá, pues el médico se lo había recomendado por su clima. 

    Pero un día, su administrador y hermano José Moreno, enfermó del estómago, anduvo muy mal y Marroquín volvió a insistir asegurándole que Pepe tenía paludismo y que si lo dejaba seguir en “El Detalle” se iba a morir. 

    Además influyó en la decisión que la cosecha de cítricos que iban a levantar por ese tiempo, a punto de ser cortada para depositarlos en camiones que los llevarían hasta la planta exportadora, se perdió toda a causa de la “mosca prieta”.

   El comediante aceptó entonces, pidiéndole a Enrique que buscara un comprador, quien al final de cuentas terminó dándole mucho menos dinero del que valía esa propiedad. 

    

   Otra versión no confirmada, pero que circula entre los antiguos pobladores, señala a Gonzalo N. Santos como el responsable, luego de que -supuestamente- al jugar una carrera de caballos contra Cantinflas (por donde ahora está la colonia “Mirador”), el comediante resultó ganador, lo cual contrarió mucho al impositivo general y político, quien no permitía que hubiese alguien mejor que él. 

   El exgobernador habría “sugerido” a Cantinflas que pusiera tierra de por medio y éste prefirió evitarse mayores problemas; al relato se añade que dicha discrepancia -según- tuvo lugar un 30 de mayo, por ello, en la ruta de la famosa carrera se trazó una calle (que va de la colonia “Mirador” hasta la “Altavista”) llevando tal nombre.

 RECUERDOS DE GENEROSIDAD

 A la fecha, en “El Detalle” aún se observan los filtros que alguna vez funcionaron, el galerón que se utilizaba como bodega, el garaje, las caballerizas, y la planta de energía que la gente convirtió en una pequeña capilla. 

    Más abajo está la noria, y siguiendo por el norte se ubica la “Casa chica”, que por mucho tiempo conservó su estructura original hasta que el ciclón de 1955 destruyó parte de ella.

    Fue en ese año cuando el huracán “Hilda” provocó nuevamente en Mario Moreno muestras de su espíritu altruista y generoso: 

    El fenómeno había arrasado con varios ranchos cercanos, uno de ellos “El Cuiche”.

    Entonces el comediante ordenó que su mejor toro cebú “El rorro”, fuera repartido entre los damnificados, y como ese animal pesaba más de una tonelada, su carne sirvió para alimentar a muchos  pobres. 

    El mal tiempo había perjudicado también a “El Detalle”, pero eso no importó a Cantinflas, porque primero se preocupó de ayudar a los vecinos. 

EL SALÓN “777"

 Además de su propiedad rural, en Valles Mario Moreno mandó construir un salón de fiestas, lo denominó “El 777” en memoria de la cinta “El Gendarme Desconocido”; estuvo ubicado en las márgenes del río, justo frente a la plaza; ahí se presentaron artistas de renombre. Años más tarde fue donado para una escuela. 

   Lo administraba Roberto Moreno, compadre de Roberto Aguilar González, quien era entonces locutor de la naciente XETR y transmitía los programas en vivo por la radio. Fue inaugurado por Pedro Fabila a finales de 1949, y durante su vigencia recibió a artistas de la época como Emilio Tuero y a María “La Toya” Gutiérrez. 

 LAS ANÉCDOTAS

 “El cuelga dedos”

 A consecuencia de un robo registrado en el rancho “El Detalle”, los hermanos José y Mario Moreno Reyes fueron a visitar al subprocurador Emeterio López Alonso (con residencia en Ciudad Valles) para poner la denuncia. 

    Fue él quien descubrió a quiénes estaban hurtando, los detuvo y mandó castigar con pena de cárcel. De ahí en adelante Cantinflas lo bautizó con el mote de “El cuelga dedos”.

 Un heroico rescate

 José Moreno (hermano y administrador del rancho de Cantinflas) tenía una camioneta a la que –por su color- había bautizado con el mote de “La Verdolaga”. 

    Un sábado al acudir a pagar la nómina de sus trabajadores del rancho, no calculó bien la distancia entre el chalán y el río, y cayó junto con uno de sus sobrinos; en una acción casi heroica Pepe logró salir rompiendo el vidrio del vehículo, subió a respirar y regresó para salvar a su sobrino que se había quedado atrapado dentro.  Por fortuna salieron sin mayores daños.

Fobia a los dictadores

 Otro acontecimiento digno de mencionarse respecto de “El Detalle” ocurrió cuando acudieron a la casa de don Mario, El Güero Marroquín y sus amigos Porfirio Rovirosa - embajador de la isla de Santo Domingo en los Estados Unidos- y su esposa, Flor de Oro Trujillo, hija del dictador del mismo país. 

    El deseo de la pareja por conocer al gran mimo mexicano, los llevó a pedirle a su anfitrión los guiara hasta su casa. 

    Don Mario los recibió con mucha cordialidad y durante la plática, la mujer sugirió una visita a su país en donde sería recibido con todos los honores del caso. Mario Moreno se puso muy serio, y tras agradecer el gesto dijo: 

    “Aborrezco las dictaduras y mientras pueda, me abstendré de visitar República Dominicana”. Se hizo un pesado silencio en la sala y la pareja tuvo que marcharse. 

    Así de directo era el máximo comediante mexicano al momento de expresar sus opiniones y sentimientos, sin importarle demasiado la jerarquía.

LOS TESTIMONIOS

 “Fue muy buena gente (…) todos los favores que le pedían (…) los hacía, y nosotros aquí vivíamos (…) convivíamos con él, cuando se hacían las fiestas (…) cuando nos invitaba a pasear aquí con él, cuando nos invitaba al río, cuando se hacía el cine, (…) el jaripeo. Su fallecimiento (…) todos los que habitamos aquí lo sentimos muchísimo, lo recordamos con mucho amor, con mucho respeto”. Francisco Martínez.

 “Pues yo trabajé con él ahí como tarillero, y (…) después nos juntábamos con él (…) cuando venía y (…) hacía fiestas, yo entraba al ruedo (…) a caballo y a echar piales (…) y a jinetear también, yo tenía la edad como de 18 años (…) él se juntaba con nosotros a torear también. 

   Una Nochebuena, cuando Alemán era presidente, vino ahí y traía un secretario particular de él y formó a todas las mujeres con chamaquitos de pecho, y luego en otro lado los chamacos de 10 años, y a todos les repartió de a 10, de a 10, de a 10 pesos.

  Y se acabó aquella paca y luego (dijo) llévense otra y (le dicen) oiga don Mario pues que sobró aquí (dinero), y (les contesta) vuélvanse a repetir, ora que se formen de 15 años para atrás (ordenó) y a todos les daba.

   Nos juntábamos ahí (…) jugó beisbol aquí con nosotros, regaló un equipo, en ese entonces un equipo que valía 600 pesos, era mucho dinero.

   Y vino y jugó, jugó primera base, y así anduvo ahí vacilando en el campo”: Rogelio López.

“El señor Mario Moreno fue una persona tan buena y fina (…) que cada que él venía nosotros nos dábamos cuenta porque ya estaba prendida la luz de su hacienda y (…) acudíamos a acompañarlo.

   Repartía el dinero, y (…) uno contento con él, se ponía a torear (…) y hacía jaripeos (…) convivíamos tranquilamente ahí con él (…), cada que venía tenía lleno El Detalle de gente, de Las Conchas y de donde quiera”: Ventura López.

“EL DETALLE” Y EL TIEMPO

 Guiados por una placa de mármol que apenas se distingue en la entrada a la Casa Grande, se sabe que a mitad de los setentas, por encargo del Fideicomiso para Obras Sociales a Campesinos de Escasos Recursos (Fioscer), el arquitecto Sergio Barrenechea rehabilitó en septiembre de 1976 el edificio, pero no hubo mayor provecho.

    En la primavera de 1994, cuando el que esto escribe hizo su primera visita, aún podían observarse colgadas en las paredes varias fotografías enmarcadas, así como algunos muebles de madera. Siete años después, en una siguiente presencia, ya no había fotos ni enseres, solamente alimañas y abejas anidadas en el inmueble abandonado, por donde corría una que otra gallina. 

    El 7 de noviembre de 2005, el Ayuntamiento de Ciudad Valles, encabezado por Jorge Terán Juárez, anunció que la casa de Cantinflas sería remodelada para convertirla en museo, y que el presidente municipal había ofrecido todo el respaldo al proyecto que se anotó para un premio nacional. Pero no pasó nada.

    Para 2008 únicamente las relaciones de la Directora Municipal de Turismo, Gisela Hernández González –oriunda del Distrito Federal- le daba cierta vida al sueño de rehabilitar el inmueble para promoción del turismo y la cultura, al tiempo de generar nuevas opciones de subsistencia a una región de escasa productividad.

    En un principio el arribo se hacía a lo largo de seis kilómetros desde la carretera nacional 85 y luego había que cruzar en chalán el río; al paso de los años, con el retiro de “Cantinflas” y la expropiación del edificio por el ejido, el trayecto fue trazado en el sentido opuesto, para librar el paso de la corriente y que el camino enlazara a nuevas comunidades.

    Fue así como el recorrido se trazó a lo largo de 15 kilómetros por un camino de tierra que nace en el ejido “Tampaya” –al poniente de Valles- y dobla hacia la izquierda en el crucero de “Cuatro Caminos”, un pequeño rancho de media docena de viviendas que no sobrepasa la veintena de habitantes.

    Enseguida hay otro caserío que corresponde al rancho “Las Águilas”; el siguiente poblado es “La Toconala”, con 185 habitantes distribuidos en 38 viviendas, y donde la población económicamente inactiva (72 habitantes) sobrepasa los económicamente activos (58, según el último censo del INEGI). 

    De acuerdo con tales estadísticas, en “El Detalle” el panorama también es desalentador, porque de 209 habitantes, solo 64 están registrados como activos, y 90 como inactivos. Lo mismo sucede en “El Cuiche”, asentamiento vecino con 300 habitantes ubicados en 80 viviendas, y su población activa (89 personas) es rebasada por la inactiva (139). 

    Por ello, las expectativas de depender del turismo que acudiera atraído por la conversión de museo histórico a la antigua hacienda de Mario Moreno, levantó esperanzas, pero dos años después estas se extinguieron. De esa administración (2007-2009) se recuerda el asfaltado de un sector que enlaza hacia “El Pujal”, tras la construcción del puente “Cantinflas”.

    Con la llegada del Ayuntamiento 2009-2012, el lugar se rehabilitó para la organización de la Cabalgata de Feria, que –con medio millar de jinetes- partió desde la comunidad “Cuatro Caminos” y terminó en la antigua hacienda, donde se realizó un programa artístico y cultural, así como un jaripeo.

    Han pasado casi siete décadas desde la ausencia de Cantinflas de este lugar, y casi tres de la partida del comediante  de este mundo. Mario Moreno mantiene su inmortalidad en la historia del cine mundial y nacional; lamentablemente, el sitio donde vivió en Ciudad Valles está en ruinas, cayendo a pedazos ante la indiferencia oficial.

    Cada administración municipal que llega arriba con la misma intención de “hacer algo”, para al final diluir sus buenas intenciones en el inexorable paso del tiempo, el mismo que poco a poco va cobrando su factura de deterioro en un lugar que bien pudiese tener un mejor aprovechamiento, sobre todo desde el punto de vista turístico, y más aún considerando los pocos atractivos que el municipio de Valles tiene para ofrecer; pero falta lo más importante: Voluntad.  

   “Ahí está el detalle, chatos”.

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