HISTORIA

CIUDAD VALLES Y LA HUASTECA
Julián Díaz Hernández

ENTRE ANÉCDOTAS, VICISITUDES Y TRAGEDIAS, CUMPLIÓ EN OCTUBRE 83 AÑOS DE EXISTENCIA.

El arribo de los precursores de la cenaduría más antigua de la ciudad estuvo precedida de un hecho tan fortuito como angustiante: Los señores Gregorio Espinoza y María Luisa Guzmán habían dejado Jalisco por la urgente necesidad de curar a Eloísa, una hija de quince años que en Guadalajara los doctores no habían podido sanar, y les recomendaron que la llevaran a la Ciudad de México, a donde se trasladaron con toda su descendencia.

VALLES: EL ÚNICO DESTINO

En la capital del país duraron más de medio año, y en ese periodo nació la pequeña Guadalupe. Lamentablemente el tratamiento médico no dio los resultados esperados, pero sí los dejó sin dinero, y apenas les alcanzó para llegar a Ciudad Valles -por la recién inaugurada carretera nacional 85- donde vivían unos parientes: La tía Pachita y el tío Max, dueños de una céntrica refresquería.

   De esa manera se estableció aquí el clan Guzmán Espinoza -en ese tiempo- formado además por Aurora, Jesús, Roberto, Gregorio, y Ofelia. La tía Pachita propuso a doña Luisa quedarse para aprovechar que ella sabía hacer tacos rojos y pozole, algo que no era conocido aquí en aquellos tiempos, y así poder regresar a Jalisco; el tío Max, quien solo ocupaba su local de día para vender licuados y refrescos, permitió que usara las instalaciones por la noche.

 OCTUBRE DE 1937: EL INICIO

De esta forma, en octubre de 1937 nació sobre la calle “Hidalgo” la cenaduría “La jalisciense”, una denominación lógica considerando la procedencia de los dueños; empezaron a trabajar con la intención inicial de obtener dinero y retornar a su tierra, además de agenciarse recursos económicos para continuar la atención a la salud de la jovencita Eloísa con doctores en Ciudad Valles.

   Por desgracia, al año siguiente y mientras el negocio se consolidaba, la señorita falleció, y doña Luisa tuvo dos razones para quedarse en la ciudad: Aquí sepultó a su hija y era donde su idea gastronómica estaba floreciendo. Entonces buscó un nuevo local para rentar, estableciéndose sobre la avenida “Pedro Antonio Santos” –cerca de la plaza- a lado del bar “El casino”.

 ÍCONO DE LA “HIDALGO”

“La jalisciense” regresaría posteriormente a la “Hidalgo”, cumpliendo diversas etapas: A lado de -donde ahora es- Coppel Canadá; en la esquina con “Independencia”, donde está “Telas Parisina”; y después al cruce con “Carranza”, una emblemática ubicación, a donde llegaron en 1948, remolcando por toda la calle principal desde la plaza, un puesto de madera que le habían comprado a doña Esperancita, dueña de la refresquería “El oasis”. 

    Ahí permaneció hasta 1970, cuando llegó el dueño del terreno -un doctor de apellido Sánchez- a exigir que le desocupara; para entonces ya había fallecido don Gregorio (en 1958). Posteriormente pasaron a la calle “Abasolo”, casi esquina con “Galeana”, donde duraron tres años, para luego volver a la “Hidalgo”, en otro sitio que se volvió tradicional, a lado de lo que fue la heladería “Danesa 33”, y donde en la actualidad se encuentra “Waldo’s”. 

 EL INCENDIO DEL 80

Fue en ese rumbo donde “La jalisciense” vivió uno de sus capítulos más trágicos, que la sociedad de entonces aún recuerda, y –la actual propietaria- doña Guadalupe Espinoza Guzmán lo revive con sus propias palabras: “Yo entraba a trabajar a las 3 de la tarde, y la explosión fue a la 1; llegó el del gas a surtir un tanque estacionario, se sentó a estar tomando cerveza, y mi hermana Ofelia le advirtió que se iba a pasar (de la capacidad)”.

    “En eso explota, porque al señor se le olvidó que el tanque se estaba llenando; mi hermana Olivia, que estaba en la puerta, recibió dos flamazos. El accidente fue un 29 de febrero de 1980, a ella se la llevaron a México muy grave y allá murió el día 5 de marzo; mi otra hermana, que estaba de visita, también recibió quemaduras, pero ella sí se salvó”, añade. La pérdida se sumó a la de doña Luisa, quien cinco años atrás (en 1975) había fallecido.

 SOBREPONIÉNDOSE A LA TRAGEDIA

Como el ave fénix, renaciendo –literalmente- de entre las cenizas, “La Jalisciense” sería trasladada desde entonces a su sitio del presente, sobre la antigua carretera Valles-Tampico, hoy conocida como bulevar “Universidad”, cumpliendo ahí la mayor etapa, que ya supera las cuatro décadas, y donde se concentra la clientela desde las 4 de la tarde para seguir disfrutando de los antojitos tapatíos:

    El inigualable sabor de los tacos rojos, el pozole, los sopes, las tostadas, patitas y cueritos en vinagre, entre otras exquisiteces. “Todo eso mi mamá lo traía de su tierra, y yo seguí haciendo lo que ella hacía; ahora le digo a mi hija que el día que yo falte, este negocio va a ser de ella, si quiere”, comenta doña Lupita, pronosticando que la cenaduría podría perpetuarse muchas décadas más.

 PREMIO A LA TRAYECTORIA

En estos 83 años, los mismos del negocio que de la dueña, ella ha recibido reconocimientos Al Trabajo, por el Ayuntamiento de Ciudad Valles 2007-2009, en 2009; de la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias (AMMJE) Capítulo Valles, en 2014, por su trayectoria empresarial y profesional; y en 2018, de la Feria Nacional de la Huasteca Potosina (Fenahuap), en la que duró 45 años instalándose.

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