PERIODISMO

CIUDAD VALLES Y LA HUASTECA
Julián Díaz Hernández

Otra vez el campo “Guadiana”: El legendario coloso de “Vicente Salazar” y “Aztecas”, escenario de epopeyas por más de medio siglo, y espacio por el que han desfilado miles de futbolistas y gente del balompié huasteco; como él, en los añejos ochentas, cuando cambió el trajín de una oficina de Hacienda por el aroma a bálsamo corporal, y se volvió masajista (aún contra los consejos familiares).

   Ya no está el caminito de en medio –marcado por gente y animales cuando cruzaban- ni los hormigueros cerca de la portería; tampoco los mezquites bajo los que aficionados tomaban la poca sombra sentados en duras rocas pulidas con sus glúteos, hasta en pedazos de tabla, o simplemente en el suelo, donde el “choy” se fragmentaba y servía para espantar alguna gallina despistada.

   Ahora el sitio tiene cerca perimetral, y la grama también; gradas en sus sectores laterales, pista que lo circunda, sanitarios, vestidores, y hasta juegos infantiles. Nada de eso había cuando Pedro Palomares Flores tomó el oficio que lo distinguió por casi cuatro décadas, desde que –su tocayo- el ingeniero Pedro Rodríguez lo invitó a practicar con “Los grillos”, del entonces CECYT 206. 

   Era como un pasatiempo, un “chance y pegue”, el “a ver qué pasa”, del joven nacido apenas en 1960, un 26 de abril, el mismo día que Mahoma (570), que Shakespeare (1564), pero también el mismo día que el futbolista y entrenador argentino Carlos Bianchi (1949). Aunque a él se le daba más lo griego, como el abogado, general, orador y político de la floreciente Atenas (Grecia): Pericles.

   Así lo bautizaron en la escuela de bachillerato que hoy se conoce como CBTIS 46, fue como el segundo nombre que lo acompañó la mayor parte de su vida, a veces superando el que sus padres Pablo y Enriqueta le pusieron al llegar al mundo, para vivir por el rumbo de la colonia “Méndez”, en su natal y siempre querida Ciudad Valles.

   Después estudió Contaduría Pública en la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT); pero al final, en lugar de billetes, balances financieros y números, lo que pasaron por sus manos fueron los ungüentos, las vaselinas, los aceites, y el resto de las herramientas e implementos para dejar listos a los protagonistas del mayor espectáculo en el mundo: El futbol.

   Comenzó en 1983 en la Tercera División Profesional, a sugerencia de otro huasteco destacado en ese deporte: Anselmo Loredo Ortiz. “Memo” lo llevó a los “Naranjeros”, en la cercana Rioverde, donde después de dos años, a instancias del técnico del Atlético Potosino, José Camacho, dio el salto al máximo circuito, precisamente con los “Cachorros”.

   De esa manera se acumulan y golpetean en las mentes los recuerdos sobre el hombre que acaba de partir, en forma repentina, como son los infartos, del que no pudieron rescatarlo en el Seguro Social la noche del domingo 16 de mayo. Y se desgranan las remembranzas, mientras aguardamos la llegada de su parte física, atenuando la pena espiritual.

   Ahí están: Enrique “Fily” Ríos, Jaime Castillo Zapata, Jim López Campos, Luis “Bicho” Torres, Óscar “Pollo” Lara, Paulino Camargo Meraz, y Rafael “Pollín” Vera –entre otros- deshojando el libro de añoranzas y sacudiéndose el bochorno de una tarde primaveral de lunes 17, con menos de los habituales 40 grados, pero sofocante por la humedad de un césped húmedo.

   De esa forma se deja ir más de media hora posterior al momento programado. Al fin, a las 2 con 35, una tercia de jóvenes vestidos en negro y blanco aparecen por la puerta principal, a un costado de la taquilla; pero no, no proceden de la Federación Mexicana de Futbol en calidad de árbitros, sino de la funeraria “López Home”.

   Tampoco “Pericles” llega en su estilo acostumbrado: Apresurado, ansioso, y saludador, rumbo a la zona técnica; esta vez irá sereno, tranquilo, mucho más quieto que nunca, y rumbo al centro del escenario al que tanto amó y visitó en sus inicios. Los presentes lo siguen en ese andar, y se acomodan en la circunferencia de los reglamentarios 9.15 (metros), trazados con cal.

 

   La colocación de un féretro en color caoba con molduras plateadas, y junto a él, un dolor manifiesto de José, Juan y Marcelina Palomares Flores –hermanos de Pedro- nos instala en la realidad triste. Se suman también: “Checo” Sánchez Monarca, Gustavo “Gorgojo” Salinas, Dagoberto López Barrantes, Julio César “Pique” Velázquez, Víctor “El rayo” Vera, y Jerónimo Díaz.

    De nueva cuenta se escuchan las vivencias trasladándonos al pasado, como aquel 1988 cuando -ahí muy cerca- el “Parque Deportivo Valles” albergó un memorable juego del Atlético Potosino, en los tiempos de Víctor “Harlem” Medina, Nelson Sanhueza, José Luis Sámano, y por supuesto, sus dos estrellas vallenses: Gerardo Silva Escudero y Pedro “Pericles” Palomares.

   El profesor Crescencio Martínez Candelario conduce con prestancia la ceremonia del adiós, y añade a los pasajes de antaño aquellos años de gloria de los “Cachorros”; tiempos en los que el conjunto potosino sorprendía con: Salatiel, Rangel, Tapia, Uribe, Díaz, “Cholo” Castro, y desde luego la estrella uruguaya Nery Castillo Farías.

   Filiberto Trejo ofrece el micrófono al ex futbolista profesional Margarito Torres Meraz; el también director municipal del Deporte, complementa y agradece. Le sigue el ex capitán del legendario conjunto “Loros Huastecos” (1987-88), César “La polla” González; y Óscar “El pollo” Lara. También continúa el repaso de la trayectoria.

   Traen a la mente los tiempos en los que Pedro saltó del Potosino al Puebla, donde lo rebautizaron como “El libretón”; luego al Celaya, para cerrar el milenio pasado. Los tres hermanos del homenajeado –tristes- permanecen fundidos en un abrazo junto al féretro, donde se aprecian varios colibríes metálicos.

   Parecen simbolizar al conjunto con el que el propio Pedro viviera también momentos de pena, a principios del nuevo siglo, con “Colibríes” de Morelos, que así como llegó se fue de la Primera División: Adquirido en diciembre de 2002 por el dueño de “Aerolíneas Internacionales”, Jorge Rodríguez Marié –quien compró la franquicia del Atlético Celaya- descendió al año siguiente (2003).         

 

   Tras ese tropiezo vendrían Necaxa, Jaguares y Monarcas; para pasar a las ligas de ascenso con Toros Neza, San Francisco, Venados de Yucatán, Ángeles de Puebla, Chiapas, Salamanca, Zamora, Santos de San Luis; y hasta con “Loros Huastecos”, de la Tercera División. Adicionalmente estuvo en Leones de la Liga Mexicana de Beisbol; y Venados, del basquetbol profesional (ambos de Yucatán).

   En el micrófono continúan ponderando la carrera del –también llamado- “Pirrín”: Cuando tuvo la oportunidad de atender a futbolistas de renombre mundial como el brasileño José Dirceu Guimaraes, y sus compatriotas Romario, Zico, Ricardo Rocha, y Aldair, así como al portero belga Jean-Marie Pfaff, y al mediocampista alemán Bernd Schuster.

   La evaporización del pasto mojado del “Guadiana” sigue cumpliendo su función natural, y a ratos parece que asfixia, pero nadie quiere retirarse, deseando estar con el amigo hasta el último momento. Esaú Hernández toma más fotos y notas para su periódico, y “Cadena Diez” transmite en vivo por Internet.

   Pero son ya las 3 de la tarde y aún falta la próxima escala antes del tributo final a la eternidad. En un marco de aplausos el sarcófago abandona el templo del futbol vallense para pasar –vía negra carroza- al de “San Martín de Porres”. Allá se suman: Álvaro “Balín” Reyes, Manuel “Malico” Torres, Maurico “Wicho” Torres, Modesto “El mode” López, y Pedro “Pilín” Reséndiz.

   El sacerdote lo recibe con una bendición, y oficia la misa de cuerpo presente, de las 4 de la tarde. 50 minutos después las puertas del Panteón Municipal se abren para permitir el acceso del vehículo fúnebre; en el primer y estrecho pasillo de la derecha, el contingente del adiós avanza unos cien metros.

   Lo descansan en la cripta familiar, junto a su hermano Próspero y sus papás, en medio de oraciones; y antes de que le pongan las coronas de flores, un sobrino le anticipa las otras, las frescas y amargosas. “En recuerdo de todas las que nos tomamos”: Le dice, al tiempo que moja el espacio donde la madre tierra ya lo acuna entre sus brazos para siempre.

   “Entre tus manos”, “El pescador”, y “Un día a la vez” dejan escuchar sus estrofas, cargadas de melancolía, de parte de sus parientes. Una mano rígida bajo el uniforme azul del Puebla, pareciera aflorar como la despedida última, y para siempre; algunas rosas le acompañan en el sepulcro, antes de que se cierre bajo las placas de cemento y la mezcla de concreto.

    Una frase atribuible a Benjamin Griss, cita que “uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida; a donde fuimos felices”: Se asemeja a la realidad de un hombre que después de participar en la eliminatoria de la Liga Premier (antes Segunda División) con su nuevo equipo, “Gavilanes” de Matamoros, dejó la frontera para retornar a Valles, de vacaciones, y a ofrendar aquí su último suspiro. 

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